lunes, 20 de abril de 2020

Gorras de cop

Ana Isabel Sanchez-Marín ha dedicado muchos años a la investigación, enseñanza y divulgación de las gorras de cop o chichoneras. Según cuenta ella en su libro Mètode d' elaboració de les Gorres de Cop (Editorial Arión) estas chichoneras de paja las inventó el Sr. Roc Vidal, un cestero establecido en Bellvei (Tarragona) a principios del siglo XIX y tenían la función de proteger a los niños de los golpes en la cabeza cuando comenzaban a dar sus primero pasos. Con el tiempo, la demanda de gorras fue tan importante que sesenta mujeres del pueblo llegaron a trabajar en su elaboración a través de distintos talleres. Sin embargo, a finales del siglo pasado el oficio había decaído tanto que estaba a punto de perderse. En vista de la situación, en el 2001 surgió desde el Ayuntamiento la iniciativa de crear una escuela en Bellvei con el ánimo de recuperar estos conocimientos, siendo a partir de ahí que Ana comenzaría su labor.
En el año 2009, desde la escuela de cestería de la Diputación de Lugo, que por aquél entonces yo estaba encargado de coordinar, invitamos a Ana a que viniese a impartir un taller sobre el proceso completo de fabricación de dichas gorras. A lo largo del curso fui grabando todos los pasos y, una vez terminado, le pasé el vídeo a ella. Hace unos días recibía un correo suyo informándome que había montado aquellas imágenes y comentándome lo 'tranquila' que se encontraba al finalizar este trabajo desprendiendose así del run run que me ha acompañado estos años de que todo podía perderse si no lo ponía en algún sitio. Por parte de Ana, podéis encontrar la filmación en Youtube  dividida en diferentes capítulos. Por la mía, incluyo el vídeo todo seguido en mi canal de Vimeo.
Sin duda es una excelente noticia y muy de agradecerle a ella la finalización de este reportaje que ayuda a enriquecer la información que ha venido compartiendo estos años sobre las gorras. Es verdad también, que da una cierta tranquilidad pensar que, de alguna manera, este quehacer está bien recogido y documentado. Aún así, sigo pensando que no hay nada mejor que aquello que se enseña, comparte, hace y palpa directamente, en todo, pero especialmente en actividades como esta de la cestería. Confío en que a Ana, como a tantos otros y especialmente a los que han tenido la suerte de recibirlo de esa manera, le siga ronroneando algo por sus adentros que le empuje a continuar haciéndolo así, mano a mano, más acá del triste y estrecho mundo virtual. 

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