jueves, 15 de octubre de 2020

Curso de construcción de techados vegetales. La poesía de los chozos.

Lo llaman corazonadas, y supongo que algo así fue lo que me impulsó a inscribirme en el curso de construcción de cubiertas vegetales que iba a impartir en Sevilla D. Antonio Gandano, un reconocido especialista en la materia, cosa que aportaba un grano de realismo a aquél golpe intuitivo. En fin que, dicho -o mejor, sentido- y hecho: que me apunté. 
La llegada nos recibió con una noticia: ese mismo día nuestro profesor recibía el prestigioso premio Richard H. Driehaus de las Artes de la Construcción. La entrega era en Madrid pero, desde ya, Antonio comenzó a dar muestras de su talante comentándonos que no acudiría a recogerlo pues, para él, el curso era prioritario. Aquella primera corazonada recibía con esta declaración un plus de luminosidad. 

D. Antonio Gandano posando con el premio  

La jornada inicial fue de salón: a través de un recorrido fotográfico pudimos ver distintos tipos de construcciones con cubiertas vegetales de diversas regiones del mundo, sus características y los diferentes materiales empleados. Como muchos de los participantes mostraron interés en conocer el resto de elementos que intervienen en la elaboración de los chozos (dicho a lo moderno: las bio-construcciones), el Maestro se detuvo a explicar los pormenores de ese tipo de construcciones.

Estructura inicial

El segundo y tercer día iban de taller. Una estructura de madera formando un tejado a dos aguas serviría para fabricar dos tipos de cubierta vegetal. En el primer costado utilizamos la cañota (junco europeo) como material (el 'pasto'), y como técnica, la de atarla con varilla metálica sobre una base de rieles de madera. Aprender a colocar, fijar y peinar el pasto es primordial en una buena construcción y a ello nos dedicamos por turnos. 



Tres fases del tejado de cañota

El otro ala del tejado lo cubrimos con 'castañuela' (juncia). Para ello, previamente hicimos un entramado de caña que sirvió de soporte en el que coser a la antigua (con aguja y cordel) los sucesivos haces de pasto. Para rematar, practicamos dos tipos de 'cumbrera': una fijada con caña y la otra con mortero de cal. 

Dos fases del tejado de castañuela


Rematando la cumbrera con mortero de cal

Un taller de tres días, en menú tan rico como es la construcción de cubiertas vegetales, no es de extrañar que se sienta como un aperitivo. Otra cosa es que ese primer bocado deje tan buen sabor de boca que a uno le queden ganas de seguir nutriéndose, aunque sin olvidar que antes hay darse tiempo para masticar bien el entrante y digerirlo. 

Antonio y su colaborador, Oscar

Labor finalizada 

Pero este relatillo se quedaría cojo si no mencionara algo que recorrió -unas veces como agua subterránea y otras tan a la superficie que volaba- las tres jornadas del taller: el poético magisterio de Antonio, cosa que desborda la mera especialización en el oficio para inundar de sensibilidad y genio cada una de sus explicaciones y acciones choceras. Se hace así verdad aquello que él mismo cuenta: El oficio de maestro chocero no se puede concebir sin la poesía, sentencia que, por mi parte, extendería a esa otra actividad hermana que es la cestería. 

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