martes, 25 de septiembre de 2012

Villanova de Bagnacaballo

Cenábamos en un gran barracón preparado especialmente para la feria. Al fondo, sentado en una mesa esquinada, un anciano alto, delgado y con barba, acompañado de otro también alto y delgado pero sin barba que tocaba la guitarra, cantaba canciones romanescas e italianas todas las noches entre el bullicio de la mucha gente que allí nos reuníamos.
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No estaban ajenos a todo pero, si te detenías a escucharlos, podían 'enajenarte'. Muy bonito.
Algunos amigos de la Asociación Ibérica de Cesteros fuimos este año invitados a participar en esta Feria que organiza el “Ecomusseo de la Civiltá Palustre” de Villanova de Bagnacavallo, un pueblecito cercano a Ravena, en la Romaña italiana. Cuatro días muy alegres e interesantes en que tuvimos la oportunidad de conocer de cerca parte de la cestería italiana de la mano de los cesteros que participaban en ella.
Otra parte y otra mano la pusieron Luigi, María Rosa y Andrea que son quienes, desde el año 1985, se han dedicado a investigar, recoger, divulgar y fundar un museo sobre las diferentes actividades que, alrededor de las plantas pantanosas de la zona, florecieron con tanta importancia en esta comarca italiana hasta hace unos años.
Impresionante la cantidad de piezas reunidas, la variedad y el empleo de los diferentes juncos, aneas, etc. Aquí hubo una verdadera 'industria' cuya materia prima eran las plantas lacustres. Bolsos, zapatos, cestos, sombreros, pero también barcas, alfombras, cortinas o construcciones para vivienda o almacén se realizaban con aquéllos materiales.
El pasado, dirán algunos, pretendiendo así enterrar en algún lugar la luz que en aquella botella o esos zapatitos ajenos al tiempo está palpitando vida y cuestionando la nuestra.

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