miércoles, 25 de julio de 2012

Barrilito

Y de pronto vas y te enamorisqueas esta noche. De un barril nada menos. Podía haber sido esa cortinilla de gasa blanca que balancea la brisa en la ventana quien te sedujera, pero no, ha tenido que ser este barril. Ni barril, barrilito, ya ves, en una mano te cabe de tan pequeño, ¡que es que casi ni para vino vale! Igual es por eso por lo que te has prendao de él. Redondito, achatado, que parece una tortuguita con las patas recogidas y la cabecilla olisqueando algo ahí delante. Tan tierno tu y tan tonto yo que sólo se me ocurre cogerte y acariciarte y abrazarte, y...yo qué sé. “Mi padre los traía de Valladolid, que es donde los hacían”, me contó Tomás, el amigo que me lo ha regalado. A saber las vueltas que diste hasta llegar aquí viejito y maltrecho como estás. Pero mira, que no quiero saber tu historia, que así sin más te me haces joyita suave de mimbre sobado y paja vieja entre estas manos y a vueltas de palparte me las estás deshaciendo. “¿Quieres dormir conmigo esta noche?” Claro que sí bonito. Y ni mu más, que toda ella sean ya mis caricias y algo más grande, tu dejarte acariciar.

2 comentarios:

Bea Fadon dijo...

Pues aquí estamos viendo maravillas y damos con el barrilito! Qué me encapricho!

Carlos Fontales dijo...

Un encanto, ese barrilito. Fíjate que hasta por foto enamora.