miércoles, 23 de febrero de 2011

Amor desmandado

Dos estrofas de diferentes poetas me revolotean estos días alrededor sin saber muy bien por qué. La primera es de Shakespeare: O, learn to read what silent love hath writ: / to hear with eyes belongs to love´s fine wit. Y, en traducción de Agustín García Calvo, dice: A leer aprende lo que ha escrito amor callado: / oir con los ojos es de amor don delicado. Hace unos días estaba de acá para allá visitando 'abuelos' y recogiendo cuanto me contaban y eseñaban. Algo más, además, ves que se te escapa mientras estás con ellos; después, cuando te detienes, sientes que de alguna manera lo lees en sus caras fotografiadas, sus voces registradas y sus cestos, sombreros o alpargatas regalados. Probablemente, ese 'algo más' también se les escapaba a ellos pero, aunque no quedaran registradas sus caras o sus voces, se podría seguir leyendo en las piezas que fabricaron.

La otra estrofa es de Pessoa: Manda quem manda porque manda, / Importa que mal mande ou mande bem. / Todos sâo grandes quando a hora é sua. / Por baixo cada um é o mesmo alguém. Y, en 'osada' traducción mía, dice así: Manda quien manda porque manda, / bien mande o mande mal produce desdén. / Todos son grandes cuando la hora es suya. / Por debajo el mismo alguien es cada quien. Y de acá para allá he llegado aquí -da igual dónde-, a encontrarme también recitando estos versos que te recuerdan cómo sobre 'lo que se escapa' no manda nadie y, por elocuentes, no necesitan más comentarios.

domingo, 13 de febrero de 2011

Campanario

Al toparme con aquella antigua tiendita de comestibles que aún conservaba intacta el museín del pueblo, el recuerdo de mi padre niño jugando a robar patatas -como él me contaba- en una semejante, me asaltó cual bandolero que te despoja de todo y te deja desnudo en medio de un paraje inhospito desangrandote por la herida que te abrió en las entrañas. No hay otro lugar donde protegerse y curarse de estos ataques más que el del fortín del olvido, pero tiene incontables brechas y los cimientos de barro.
Y por olvidar paso adelante visitando este otro museo que Juan Sánchez tiene en Campanario *, la Serena profunda de Badajoz. A estas tierras se viene a escuchar el silencio, algo así le decía su padre a Isabel Escudero, a quien agradezco que me diera el contacto.
Más que museo yo lo llamaría interesantísima colección; de cantidad de piezas relacionadas con esta comarca que Juan, hijo enamorado de ella, ha ido recogiendo y guardando durante muchos años y a la que se suma otra de figuras-esculturas que él mismo ha hecho con materiales recogidos en el campo: ramas, raíces, cardos, semillas, piedras, fibras vegetales.... Y además, ¡lo que no vemos!, todo el archivo fotográfico, oral , etc., que atesora en su casa y que precisaría de muchas visitas para ahondar en él. Y de nuevo te cabreas viendo todo este rico material apilado en un garage por falta de medios particulares y por la permanente obstinación de los poderes 'públicos' y económicos en seguir relegando a la miseria lo que tan hermosamente el pueblo fue y va destilando de ella. Y es que no hay que engañarse, como dice don Fernando Pessoa: un nuevo dios es sólo una palabra, y a buen entendedor pocas bastan.
Pero siguen las manos, entre risas, conversaciones y silencios, tejiendo la juncia en Campanario. Manos de pastores reunidos en la placita dedicada a ellos con estatua y todo. Un placer poder presenciar a estas alturas de la historia estos corros de sabiduria cestera.
Y por fin, los chozos, esas construcciones también pastoriles que, fabricados con paja o juncos en ocasiones, hasta hace sólo unas decenas de años servían de vivienda en las majadas de la Serena. Juan, cómo no, ha investigado sobre ellos y no sólo eso, sino que acaba de publicar un libro en compañía de Jose Antonio Calle, en que los estudia, describe e inscribe en la vida pastoril de la comarca. Los chozos de Campanario, es el titulo de este estudio tan recomendable y que podéis conseguir solicitándoselo a él mismo: juansanchezhuertas@hotmail.com
*Para visitar este museo puedes contactar con él (Juan Sanchez Huertas, Tfno. 924831375. Campanario)
Fotos: Arriba, Sirena, de Juan Sánchez. En medio, 'corchos' (hueveras) elaboradas con juncia (en primer termino) y con cordones reciclados (atrás). Abajo, chozo.

sábado, 5 de febrero de 2011

Más Cái

Te vas a visitar a Carlos "Soleta" en Medina Sidonia por regalarte de nuevo con su sonrisa y sus preciosas capachas de colores de flejes reciclados. El taller ha decaído un poco desde el último encuentro. Ya no cuelgan del techo tántas ristras de plásticos como antes, ya no hay tántos capachos, tánto color. Sientes como si "Soleta" fuera despidiéndose despacito de sus manos al paso que sus manos se alejan de pleitear. Pero salta el niño al rostro del viejo en una sonrisa y Carlos es una pildora de felicidad.
Hay marineros de piel pómez atestada de barba erizo en Barbate que apenas entiendes cuando hablan. Lo justo para pescar al vuelo un par de palabras: "nasas" y "huncos" (aspirada la h), y tirar del sedal. Se hacían, se hicieron, hasta hace unos años pero el último viejito que sabía lo dejó. Sigo el rastro de la seda y me lleva de la mano de su sobrino hasta una vieja casita soleada en el barrio de pescadores donde el abuelo, en penumbra de saloncito humilde y en corro de su mujer e hija cubiertas con mantas, ve la TV a las 11 de la mañana. Desalentador hasta que, de nuevo, asalta el niño al viejo y nos habla de cuando hacía las nasas, de cómo aprendió y de cómo lo dejo. Para muestra, un par de botones: dos nasitas versión 'bonsai' que hizo no hace mucho y que el sobrino guarda como recuerdo.
Vaya entonces un dato recogido de palabra y fotos para quien le interese: desde el cabo de Creus al de Trafalgar, las nasas igual; en técnica y materiales.
También semejante la rabia de los pescadores desde allá hasta acá: "Quienes prohibieron las nasas no tienen ni idea de pesca", se indignan. "Siempre se usaron y siempre hubo mucha pesca porque las nasas no matan lo que pescan y el pescador puede devolverlo vivo al mar si no le vale. Además, son selectivas, nunca acaban con la cría." "Y esos mismos que prohiben las nasas para 'proteger' la pesca son los que permiten las artes de arrastre que han arrasado este mar" (entiéndase el que toque en cada caso).
Tierra adentro, El Gastor, un pueblito blanco a la revuelta de otra curva camino de la serranía de Grazalema. Montes de bandoleros de leyenda como Jose María "El Tempranillo", personaje que da nombre al museito de artes y costumbres populares que alberga la que fuera casa de su novia.
Hace unos años, no sé si el alcalde, invitó a los viejos del lugar a que trajesen o reprodujesen piezas de las que antiguamente hacían ellos mismos para cubrir algunas necesidades de su vida cotidiana: aperos de labranza, calzado, cestos, herramientas, instrumentos musicales, etc. Y el resultado de aquella convocatoria fue espectacular: una colección repleta de joyas de arte popular realizadas por los vecinos del pueblo. Tan largo sería describiros cuanto ahí encontré que ni me pongo a hacerlo, pero cuando uno recorre las calles del Gastor y va conociendo a sus viejos el misterio se revela, ¡cuántas cosas y con qué arte las saben hacer! En cestería, aquí se encuentran el esparto, la pita, la palma, la vareta de olivo, la anea..., materiales que, en manos de Antonio, Cristobal, José o tántos otros, se convierten en preciosos objetos que no distinguen utilidad de belleza. Y te enamoras de lo que ves, y te vas.

domingo, 30 de enero de 2011

Cá(s)i carnaval

De esta guisa se preparan en Cádiz para dar caña en los carnavales. Francisco, el canastero "mister cañero" con quien estuve esta mañana, presentaba en sociedad estos modelitos diseñados al más puro estilo 'cash & ondeo'.

domingo, 23 de enero de 2011

Museos y deambulaciones

Visita al museo etnológico de Barcelona. De primeras, mi menda desbordado. Objetos cesteros de Cataluña, de Andalucía, de otras zonas de la Península. Más. De Japón, Papúa, Australia o norte de Africa. Pero por encima del desborde geográfico está el de la diversidad de objetos construidos por todas partes. ¡Qué riqueza tan grande! Parece como si la gente de acá y allá hubiera estado jugando desde tiempos inmemoriales con las técnicas cesteras y los materiales que tenían a mano para desarrollar infinitos objetos con incontables aplicaciones, desde las más cotidianas a las más festivas. Y, ¡con qué imaginación! Para muestra, dos botones: fíjaos en estas botas japonesas y en esa máscara de Papúa.

Y lo más dulce, anónimas; botas y máscara hijas de las manos de un misterio que invita a dejarse deambular por él sin demasiadas ataduras a nada ni nadie.

martes, 18 de enero de 2011

Josep Vergés

Si vas a San Pol, pregunta por don Josep.., podría ser el estribillo de una canción marinera. Porque marinero ha sido él toda la vida y a canción sabe cuando lo cuenta. También hizo nasas siempre, como los otros marineros, hasta que hace un par de años tuvo que dejarlo y de echarlas al mar tan encantado como lo hacía. Decir que ahora en San Pol (Barcelona) no queda nadie que sepa hacerlas es recordaros la cantinela de siempre. Las últimas que hizo Josep están colgadas en el pequeño museito que, a pie de playa, han hecho en la antigua caseta donde los marineros echaban la partida junto a la maquina de arrastrar las barcas a tierra y la sillita en la esquina donde Josep hacía sus nasas.
Pero, ¡no cunda el desencanto!: Si voviera a nacer volvería a ser pescador, es lo más bonito que hay, nos dice mientras besa a su padre en una foto en la que aparece con otros marineros.

Una lagrimita, dos lagrimitas..., aquí teneis un amigo siempre que volváis. Y como despedida nos canta una canción que aquí os regalo para que os dejeis mecer al compas de su ritmo de olas. ¡Salud, Josep!

martes, 4 de enero de 2011

Belén

¿Sería San José cestero en vez de carpintero? A la vista de esta pintura uno juraría que sí: vallita protectora armada con varas, tejadillo de paja, camastro (petate, lo llaman en centroamerica) tejido con ¿junquitos? para la Mari y el churumbel..., bueno, al menos el anónimo austriaco que pintó esto en el siglo XIV nos echó un guiño cesteril. Raro, porque también estos días me llegaba a través de un amigo una cita de Levi-Strauss (celebre antropólogo) en la que se refería al poco o nulo caso que se le había hecho a la cestería en los estudios de sus colegas, en los museos y en general en el mundo de la cultura (esto casi que es un elogio, viendo como van esos belenes). El hecho de que la cestería apenas emplee herramientas y que los cestos sean tan perecederos parece, según él, que son "Otras tantas razones que explican el disfavor sufrido". Sin embargo, comentaba tambíen L-S, "En los pueblos sin escritura, este arte ocupa, por el contrario, un lugar importante, a menudo el primero..." Y ahí conviene detenerse, pues llama la atención esa relación entre el "disfavor sufrido" por este arte en la cultura (no olvidemos que la cultura empieza con la escritura, es decir con aquello que 'fija' lo hablado) por "perecedero" y, contrariamente, su aprecio entre los pueblos sin escritura, es decir orales, en que la palabra es también 'perecedera'.
Y ya para rematar, el cuadrito de marras que ahí os pongo, en que se monta todo ese belén cestero para el nacimiento del Verbo, que por cierto, no escribió nada. ¡Hermosa imagen, verdad! Y ya paro amigos, que como veis, con todo este rollo no hago más que traicionarlos.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Cuentos a la noche de los cestos

Un paseo nocturno. Barruntas sin hablar en alto (tan tonto como para que te encierren todavía no estás): ¡Ah, este frío en la cara, qué rico!, y te apretujas contra ti mismo. Arriba, negro encorsetado entre edificios y risitas de estrellas. No quieres mirar abajo, pa qué, con lo agustito que vas así, volando; y además no hay ni dios en la calle. ¡Pum!, al suelo; debe de ser que el Señor sí que estaba. ¡Qué fulano, siempre zancadilleando los vuelos! Dos representantes suyos (bueno, del orden) en la Tierra se me acercan uniformados:
- ...estoy bien, gracias. Es lo que tienen las estrellas, que acaba uno estrellao.
- !!!???
Sólo cuando se van distingo la compañía: basura, cajas de cartón y a su vera un viejo conocido, ese baúl de mimbre que, como suele ocurrir con estos individuos, acaban echándose a la calle. ¡Maldición, no me quito de encima el cesterío ni por asomo! ¡Ahora, seguro que empezará a contarme su vida, me lo estoy oliendo! Parece como si de un golpazo le hubieran desencajado la bocota. Pobre, comienza a enternecerme. Me arrimo a él. En fin, qué se le va a hacer, debe de ser mi sino. Cuenta, hombre, cuenta. Silencio. Alguien alguna vez dijo: ¿No escuchas ese terrible llanto a tu alrededor, ese llanto que los hombres llaman silencio?, y no sé por qué, esa frase se me viene a los labios. No suelta prenda, así que me limito a mirarle y claudicar ante aquellas palabras
¡Qué bien te echaron las teladas, rápidas pero sin prisas! -pienso-. Un cestero de los de antes, seguro, se nota su buena mano. ¿Y los mimbres? Aunque estás bastante castigao, aun conservan firme su asiento. ¿De dónde serían? ¿Cuenca? ¿Salamanca? ¿Valencia? Qué alegre debio de ser su vida allá, en los campos de donde fuese, reventando de mamá cepa para dispararse rápido al cielo acariciaditos por soles, vientos, noches y besos de gotas de lluvia. No te llevo para casa, que ya no me caben más huespedes.
Y me gustaría gritar: ¡Llevénse a este señor, que guardará sus prendas y, si le escuchan, les contará la suyas, las de artesanos, tierras lejanas y noches de acera y desolación! Pero no hay nadie, sólo silencio.

martes, 30 de noviembre de 2010

Barriles, el regalo de Isidro.

Recuerdo que una de las piezas que más me llamó la atención cuando ojeé por primera vez el maravilloso libro de Bignia Kuoni, Cestería tradicional ibérica, fué la cantimplora de mimbre (página 77) utilizada por los campesinos leoneses para llevar el vino al campo. Quién me iba a decir que, quince años después, conocería al 'último' artesano que sigue elaborando esas cantimploras - "barriles", las llaman en su pueblo- y tendría el placer de aprender con él todo el proceso de fabricación. Isidro García comenzó a hacer barriles casi por casualidad. Hará, si no recuerdo mal, unos 25 años que, animado por el entonces maestro del lugar y en compañía suya, se fueron a un pueblo vecino a que les enseñase a fabricarlos un viejillo que los seguía haciendo. El anciano murió y el maestro marchó a Leon así que le cayó a Isidro el papel de heredero de la tradición hasta hoy.
Aquí no hay trampa ni cartón, tan sólo dos manos, una navajilla y poco más. Y mimbres, los que crecen junto a las huertas del pueblo y que Isidro poda, pela y raja cada año. A partir de ahi, paciencia y esmero. Cuarenta horas dice, por decir algo, que le llevan terminar uno. Son más, seguro. Pero no, eso no se mide; cómo se puede contar en horas lo que se escapa del tiempo. ¿Cuánto dura un pensamiento? ¿Y muchos? ¿Y los sentires que mano a mano se les hilvanan en tanto crece la espiral y se conforma el barril ? Eso no tiene tiempo y por tanto tampoco precio. Así que Isidro sólo cobra algo simbólico, una cosa que sirve para recordarnos que nos lo está regalando. Aprovechadlo.
Al final, la pez, esa resina antigua que tánto se empleaba para conseguir recipientes estancos y que ahora casi ni se encuentra. Cuando alguien ve por primera vez un barril, cree que en su interior hay un recipiente de plástico o barro; pues no, nada hay salvo mimbre y pez.
Y ahora, sentarse con Isidro en el precioso patio de su casa y hacer un barril. Disfrutar de las molestias del gato que juega con la tira de mimbre que estás rajando. Esas maravillosas cosas que nunca hace uno y se engaña creyendo que otros sí harán .
Isidro García
Las Heras, 5
Sardonedo. León
987377017 / 659297298
ariasgarca@yahoo.es

sábado, 13 de noviembre de 2010

Pirineos

Y ahora, os cuento una de comando cestero en acción de recabar informaciones.
Como algunos sabreis, la Asociación Ibérica de Cesteros, a la que tengo el placer de pertencer más o menos, como todos los que en ella estamos (y digo más o menos porque parece que somos escurridizos hasta para eso), de cuando en cuando e inesperadamente, realizamos escaramuzas cesteras a fin de conseguir informaciónes, compartirlas, o hacer cualquier otra cosa que suponga pasarlo bien. Una vez realizada la 'misión', la asociación pasa a estado de letargo y cada uno por su lado hasta la próxima. Pues bien, la última acción ha sido recoger informaciones sobre cestería de los Valles de Aneu y de Arán en el pirinéo leridano. Hace un par de años llegamos a un acuerdo con el ecomuseo de Esterri para realizar estas acciones y en ello andamos.
Nada más llegar hicimos una incursión de muestreo en el Valle de Arán con resultados lastimosos: de cuatro o cinco cesteros que teníamos fichados en visitas realizadas hace unos años tan sólo uno quedaba en pie de guerra, es decir, vivito y coleando, los demás....+++++. Un revés que encajamos entre lamentos tomándonos unas cervezotas en uno de los baretos de Viella en tanto que la nieve y la noche comenzaban a asomar.

A la mañana siguiente nos dirijimos a Alós rastreando las huellas de otro cestero contactado este verano. La casa, al menos, seguía en pié....desde mil setecientos y pico, y parecía que desde entonces lo único que había pasado por ella era el tiempo: ni un asomo de reforma, pintura, etc., en su fachada, el edificio parecía abandonado. Hasta que después de llamar repetidamente, "¡Cisco, Cisco!", Francisco apareció en el balcón despeinao y con cara de pocos amigos. Tiene ochenta y tantos años, soltero, vive sólo y no parece tener costumbre de guardar formas ni dar explicaciones de nada a nadie; muy interesante. -Hola Cisco, ¿te acuerdas de nosotros?, veníamos a visitarte y a ver si nos enseñabas algún cesto y cómo los haces. Con palabras que os ahorro, Cisco nos dejó claro que no tenía ninguna gana de ponerse a contarnos nada; hacía frío aquella mañana y estaba muy agustito junto al fuego de su cocina. No nos dimos por vencidos, volvimos a contraatacar dando la tabarra y dorándole la pildora hasta que vimos cómo iba cediendo y, aunque receloso, bajaba hasta el portal y salía a contarnos cosas. Le habíamos traído a nuestro terreno y ahora no debíamos dejarle escapar. No hizo falta, Cisco comenzó a disparar explicándonos una cosa, luego otra y otra y otra y cuando nos quisimos dar cuenta ya había realizado los dos aros con que comienzan los cestos de costillas de la zona y estabamos subiendo al monte con él en busca de avellanos con que seguir trabajando. A la vuelta continuó con el cesto hasta la hora de comer, dejándolo interrumpido para cuando volvieramos a la noche.
-¡Cisco, Cisco!, volvíamos a gritar cuando llegamos a su casa. Una vez dentro pudimos comprobar cómo el aspecto externo del edificio se correspondía bien con el interno: tenue luz de bombillita amarillenta iluminando un sillón repleto de cosas incatalogables, paredes de color indefinible con muestrario de cuernas de ciervo apuntaladas con clavos, cocina con alacena de museo pero en uso y, al fondo del salón, un cuartito-cajón de paredes de madera ennegrecida donde un fuego encendido en el suelo abrigaba la noche de Cisco y cobijaba su labor cesteril. Nos sentamos alrededor de la lumbre y entre humos, explicaciones y regañinas, nuestro maestro va desgranando su saber cestero, mientras que nosotros intentamos atender a las primeras, reirnos de las segundas y disimular nuestro asombro y fascinación por el lugar donde nos encontramos y lo que estamos presenciando. Joan hace de fuerza de choque terrestre realizando las tareas de interlocutor y alumno. Josep, una vez distraído Cisco, se encarga de la artillería disparando rafagas contínuas de fotos. A mí me toca la aviación espía oteando todo lo que sucede y grabándolo en la cámara de video para posterior análisis documental: el comando se maneja perfectamente sobre el terreno. Las tiras de avellano, en tanto, han ido cerrando el cesto entre explicaciones del maestro y, cuando éste comienza a bostezar, entendemos que debe ser hora de retirarse.
Al día siguiente el comando se interna aun más en las montañas hasta llegar a Anás, lugar donde nos han informado de la exitencia de Angel, otro viejito que aún continúa haciendo cestos. ¡Bingo!, encontramos a Angel atendiendo a sus ovejas en un corralito que se asoma al estrecho pero esplendoroso valle entre montañones donde, sólo gracias al espíritu de misión que nos alienta, conseguimos que no se nos vaya el santo al cielo y mandemos todo al carajo. Árboles gritando amarillo o rojo en sus hojas, picachos de piedra retando a la fuerza de la gravedad, pueblos salpicados por laderas imposibles,.... ¡maldito espíritu misionero! Pero no, Angel es un cielo. Sonríe siempre, habla apenas. Sin mediar más palabras que la de las presentaciones y nuestro interés por sus cestos, coje unos avellanos, nos conduce al huerto y, sentado entre flores y repollos comienza a fabricar uno. Nos ha desarmado. Pululamos a su alrededor como mariposas despistadas entre tanta belleza, descargando nuestro armamento sin descanso: centenares de fotos, horas contínuas de grabación. Joan descansa hoy, Angel no demanda nada, tan sólo contesta breve a sus ocasionales preguntas. Al acabar el cesto, otra sonrisa y, como respuesta a nuestros agradecimientos, un escueto "adios". Cuánto dice un silencio bien dicho.
Breve incursión de cuatro días en la zona, suficiente para ir conformando unos conocimientos sobre su cestería. El avellano es el material rey. El paner y el bres, en sus múltiples variedades, sus cestos subditos y, en base a la técnica de costillas, al menos tres variantes registradas organizándolos. Los cesteros...., eso es otro cantar que sólo pobremente puede uno intentar entonaros aquí mientras me revolotean alrededor el recuerdo de la sonrisa dulce y sabia de Angel, o la mirada irreductible y brava de Cisco perdiendose entre las montañas.


sábado, 6 de noviembre de 2010

Antonio

Paras el coche en mitad de la montaña y te bajas abrumado por lo que vas viendo. Como de un tortazo, el mundo se te vuelve del revés. Está a rebosar de aire rico, bosques frescos otoñando, y acá y allá algún pajarin que pía y ensancha el silencio. Ovejas a la vista. ¡Ah, qué escalofrío tan bueno! Haces un corte de mangas a todo aquello tan triste que se empeña en ocuparte la vida y corres a ver al amigo.
Antonio siempre fue cestero,...y cazador trampero (como los de las pelis del Oeste), y matarife, y vaquero, y currante en Gijón, y quién sabe cuántas cosas más. Ahora está jubilado de todo eso pero no de los cestos, que aún le va pegando a los ratos. ¡Y gracias!, porque como él ya quedan muy pocos. ¡Qué buen cestero!, de los que no miden el tiempo. Cada cesto, una obra, no otra.
Sonrisas y abrazos. Sin más, va al grano: ¡Vamos, que hay moito que facer e temos que ir lonxe! Monte arriba a pié, marchamos a buscar varas de avellano. El bosque poco a poco se tupe y humedece; agua por el camino, por todas partes. Lluvia de hojas de cuando en cuando y, por los rincones, rodales de avellanos. ¡Hay que cortar as que son delgadas pero vellas! Mira, esta é vella, pero viciosa. Se detiene pensando en lo que ha dicho, me mira y suelta una carcajada.
Dejamos caminos y trepamos monte a través para seguir buscando varas. ¡Es la selva!, y yo encima con las cámaras estas de grabar lo imposible. ¡Cuánta torpeza! En fin,...llevamásahiaese, que dícen que decía mi abuelo, con una punta de desengaño, ante lo que es mejor no analizar demasiado y dejarlo estar.
De vuelta a la aldea, es hora de comer.
Y a la tarde toca cueva. O lo que es parecido, la grande, vieja y oscura lareira en cuyo horno calentaremos las varas. Porque es costumbre de Antonio 'cocerlas' al fuego antes de rajarlas para hacer las tiras -os malletes- con las que tejer los cestos. Si as quentas son mais dóciles e duran mais tempo.
Humo, y del roto en el muro ennegrecido donde se abre el horno, el fuego brotando en luz y lametazos sobre las varas que, paciente, sostiene Antonio atravesadas contra las llamas para que no se quemen. Hay que revolverlas, una, otra vez, según tiempos que determina el saber, no el reloj. Ya están listas; salimos de la 'cueva' ...a otra. Es noche, resulta que se nos ha pasado la tarde sin darnos cuenta. ¡Mañana seguimos, Antonio!
Toca hoy hacer un cestiño. Pa que grabes como se fai, chega ben.
No os lo he dicho, he quedado estos días con Antonio para grabar y fotografiar una vez más desde que le conozco -¡y debe de hacer lo menos quince años!- el proceso que sigue para hacer sus cestos. Bueno, esta vez quiero hacerlo con un poco más de 'orden' y concierto.
Así que, al taller. Es decir, al curruncho bajo la casa donde, entre patatas por el suelo, mazorcas de maiz colgando de las vigas, nueces, cebollas, extinto mueble quesero, cuerdas, bolsas de plástico e infinitas otras cosas innombrables pero que andan por allí, se hacen sitio el caballete, las herramientas cesteras y Antonio. El sol, como no ocupa, coloca sus rayitos a través de la puerta y nos alegra el trabajo de buena mañana.
Una vez armado, el cesto comienza a girar. Y a girar, tejiendose, los malletes, las manos de Antonio, la silla huyendo del sol de mediodía, él con ella y yo con los dos; las ruletas de mis cámaras, las sombras, las manillas del reloj que no llevamos y, finalmente, el hierro candente que agujerea el cesto y abre hueco a las tirillas de avellano que lo rematarán. 'Casa Xoque', queda grabado al fuego sobre el asa, firma con 'logo' familiar que viene desde sus antepasados y que da por finalizado el cesto.
Se acabó por hoy, otra vez se nos ha echado la noche. ¡Antonio, que nos queda aún para otro día ir a buscar algún salgueiro, calentarlo, rajarlo y labrar las costrelas!
Eso, para otro día; responde en la despededida.
Paras el coche en la mitad de la montaña y te bajas abrumado por lo que vas viendo. Esta vez del tortazo surgen estrellitas: allá arriba, sin fin, con aroma a bosque que enfría; allá abajo, enfiladas e iluminando callejuelas de aldea, huelen a humo y chimeneas.

viernes, 29 de octubre de 2010

Curso de bandejas

Hace un rato acababamos el curso titulado "Zarzo, Celta y Cul de Queixal" que nos ha llevado las tardes de toda esta semana. Entre los alumnos, algunos que ya habían trabajado un poco el mimbre y otros que no. Comenzamos el lunes con las bandejas "Celtas" (a falta de otro nombre mejor, así las bautizamos) trabajando por parejas: los 'experimentados' tienen una mayor facilidad para realizarlas y les quedan mejor. En los días sucesivos seguimos con el "Cul de Queixal" y finalmente con el "Zarzo". Son piezas relativamente fáciles que ayudan a que las diferencias entre unos alumnos y otros se vayan limando; parece como si la dinámica de grupo se fuese imponiendo sobre las peculiaridades personales hasta hacer que las cestas de unos y otros vayan diferenciandose cada vez menos, al menos en cuanto a calidad de ejecución se refiere. Varas entretejiendose. Gentes entretejiendose. El miercoles habíamos realizado todas las bandejas programadas y nos quedaban dos días para repetirlas. Propongo que, el que lo desee, haga innovaciones sobre ellas. Risas. "Impensable. Qué vamos a hacer, no se nos ocurre nada" La propuesta queda en el aire y pasamos a repetirlas sin más. Poco después uno que se inventa una variación sobre combinación de colores en la "Celta"; al rato otro comenta que ha pensado cambiar la forma de una pieza y hacerla en S en lugar de U,....y así, sin pretenderlo, comienzan a surgir las 'variaciones'. El último día, como si de un pequeño 'frenesí' creativo se tratase, el grupo en general se anima a hacer cosas nuevas o jugar con las aprendidas.
Se hace, haciendo. Nadie pretendió que el grupo tomase determinada dinámica y que ella fuese imprimiendo su sello en las piezas de unos y otros, en la inventiva, en el ánimo y que, por unos ratos al menos, cada uno pudiera olvidarse un poco de su condición personal para saborear algo de eso tan liberador que es lo común, lo que no es de nadie y la creatividad que de ahí surge. Estas cosas no se pueden programar, lo único que se puede hacer es no impedirlas.
Fotos: Dos piezas realizadas en el curso.

sábado, 16 de octubre de 2010

Corozas

Muy pocos quedan ya que sepan hacer una coroza y son muy mayores. ¿Coroza? Sí, ese atuendo que parece sacado de la noche de los tiempos y que podeis ver en la fotografía. Con él, hasta hace sólo unas decenas de años, pastores y labradores de Galicia y norte de Portugal se cubrían de fríos y lluvias. Casi un milagro que haya llegado hasta hoy, no sólo como pieza, sino en el saber hacer de algunos campesinos perdidos, normalmente, en las sierras más apartadas del noroeste peninsular. Y ahora, esta 'joya', este conocimiento desaparece sin que a nadie o casi nadie parezca importarle.
Hace unos años impartí un curso sobre corozas, fué bien, pero habría que hacer más, bastantes más; y recoger, si aun estamos a tiempo -no es suficiente con lo que, en su momento, pude incluir en mi libro-, todos los testimonios posibles de aquellos que todavía sepan fabricarlas. ¿Por qué? No sé, ¿hace falta saberlo? Agradeceré cualquier información que me podais facilitar sobre gente que aun recuerde hacerlas o tenga alguna, etc.

domingo, 10 de octubre de 2010

Nubes

Hace unos días nos dejó Miguel Angel Velasco, poeta y amigo. Vayan desde aquí estos versos, de quien tan poco creía en autores, a entrelazarse entre mimbres, cestos y cielos también. Hasta otra, Miguel Angel.
LAS NUBES
Yo no os había visto hasta aquel día,
iba bajo vosotras sin saberos,
decía acaso nube con descuido
o bien cogía una para un verso
como pañuelo claro en el andén
de la memoria; pero no os veía.
¿Qué haría mientras tanto; en qué comercio
oscuro me andaría con el sueño;
en qué mina de olvido, en qué caldera
apilaba el carbón de la desdicha;
por qué calles sin cielos vagaría
mirándome las puntas polvorientas
de los tristes zapatos, o con qué
visera amarga malogré mis ojos;
qué amor amargo los tenía presos
en espejos de sed, que no veía
las luminosas nubes?

martes, 5 de octubre de 2010

De Salt

Hubo llenazo, de cesteros y de público. Muchos que recargaron pilas y otros que las descargaron: viendo y aprendiendo cosas diferentes; soltando informaciones, ocurrencias y novedades. Entre los participantes, además de los amigos catalanes, había cesteros franceses, rigurosos siempre en sus técnicas con el mimbre y el castaño; inglesa, Sally Goymer, de exquisita precisión en su mimbre; danesas jugetonas con el diseño que trajeron piezas realizadas con cortezas, mimbres y todo tipo de cables de colorines; italianos -muchos- con cañas, castaño, mimbres, juncos, y alegría; gallegos contundentes con el castaño y andaluces que hacen filigranear incluso al palmito.
La exposición y la conferencia de Jette Mellgren (cestera danesa invitada especial de este año) fueron muy interesantes. La primera se centró en tres tipos de piezas: cestos realizados con cables reciclados que, debido a la técnica de elaboración y al propio material permiten modificar su forma según la necesidad o gusto. Vestidos pensados para una colección colectiva y, finalmente, nidos inspirados en nidos. La conferencia hizo un recorrido por la cestería danesa, breve en cuanto al pasado debido a las pocas informaciones que se tienen y más extensa por lo que toca a la actualidad en la que, cestería, es equivalente a nuevas formas tanto en objetos como en grandes construcciónes a partir de técnicas 'importadas' en los últimos años a través de cesteros ingleses, franceses, etc.
También hubo certamen, el premio se lo llevó Antonio Rodriguez con un bolso exquisito tanto en diseño como en elaboración. Pero la cosa fue reñida, había mucha calidad en la mayoría de las cestas. El jurado (podían inventar otro nombre más bonito, ¿no?) estuvo de acuerdo en casi todo pero especialmente en que todas las piezas son igual de respetables y que esto de premiar es fundamentalmente por animar a la gente a hacer cosas por el gusto de hacerlas especialmente bien.
Y, qué más os cuento. Pues que, como es habitual en esta feria, la organización (nuestra enhorabuena a Carles Sabat por su excelente disposición en todo momento), proporciona a los cesteros una casa de colonias donde alojarnos, cenar, desayunar y en la que, de paso, charlamos hasta las tantas en tantos idiomas como podemos. El sábado se organizó un fiestón con cuentacuentos políglota y bailoteo hasta las mil en el que, cómo no, aprovechamos para reirnos con ganas de tánto cesto, cestero, cestería y cesterismo.
Arriba, foto de la pieza ganadora del Certamen. Pincha en ella para ver otras.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Manos

Dicen que una imagen vale más que mil palabras, pero a veces es una palabra la que evoca mil imagenes. Otras, imagen y palabra se confunden y así, al decir rosa, parece que hasta su nombre huele o, al ver unas manos cesteando, que pelea la palabra por pronunciarse,... a veces.
Pues aquí os van unas cuantas imagenes (pincha en la foto) de unas manos haciendo una jarra y diciendo en ello no sé qué cosas que tal vez alguien se arranque a pronunciar.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Salt

Días 2 y 3 de octubre cita cesteril en Salt (Gerona) como cada año desde hace 13. Si teneis la oportunidad de acudir, no os lo perdáis. Acuden cesteros no sólo de Cataluña sino de muchos rincones de España y Europa para exponer y vender los cestos que ellos mismos han hecho. Riqueza y variedad, por tanto, de técnicas, materiales y modelos, algo muy de agradecer por los amantes del oficio. Pero eso es sólo una parte. La feria además es un reencuentro anual de cesteros y amigos de la cestería que comparten noticias, saberes y, sobre todo, amistad, algo que por suerte prevalece en este oficio.
Como novedad de este año, la celebración del Primer Certamen Cestero "Roser Albó", bautizado así en honor de quien revitalizó la cestería de Cataluña con tanto amor como inteligencia, creó la Asociación Catalana de Cesteros y la imprimió un sello fraternal que es referencia y fuente para cuantos seguimos en esto.
También novedad la expoxición del trabajo de Jette Mellgren, cestera danesa, que atenta a la producción tradicional la aprovecha para nuevas creaciones en las que emplea tanto materiales vegetales como de reciclaje y otros.
Y más, mucho más que está resonando ya a la voz de : ¡Pasen y vean!
En la foto, Nansa Llagostera, pieza conmemorativa de este año.

jueves, 9 de septiembre de 2010

La posada de las estrellas

Por ahí queda, entre Granátula de Calatrava y Puertollano, 'La posada de las estrellas'y su mención empuja misteriosa al cielo la carita de Reinalda. ¿Estará viendo allí las noches escondidas de Gabriel mozo arrimado a los cerros para robar unas mañas de esparto con que trabajar? ¡Ah!, aquellas mañanitas frescas a la sombra de la parra enseñándole a él -¡tan jovencillos los dos!- a trenzar pleita: -¡Que es que, en su casa sólo le aprendieron a coserla!. Y después, cargar el burrillo y verle marchar a recorrer pueblos pregonando: ¡espuertas, capachos, 'aguaeras'!, para ganar cuatro perras -¿Pa qué? ¡Pa ná!- y ahorrar alguna pasando la noche al raso, en 'La posada de las estrellas', que llaman.
El sábado pasado fuí a visitar a Gabriel y Reinalda a la residencia para ancianos de Almagro. Allí parece que los días pasan sólo a la espera del último. Hace dos años que tuvieron que dejar su pueblo y su esparto porque, como dice Gabriel: Un rayo ha caído en mi casa. Un rayo de desgracia y vejez. En su patio aprendí a hacer pleitas, 'coseeras', espuertas y capachos de igual forma que a saltear unas migas y comerlas todos en corro de la sartén. Verano tras verano allí con ellos hasta que el rayo cayó como un cerrojo que pone fin a lo que no tenía ninguno. La pleita posee una particularidad y es que podría estar trenzándose indefinidamente, porque sí, sin otro objetivo que el de ir haciéndose, sin necesidad de ser apresada en ningún cesto.
Algo parecido se diría que le ocurre a esa 'Posada de las estrellas' cuando uno ve la mirada que alzó en Reinalda su alusión: que siempre está abierta y entrelazando vidas. Ahí,  el sueño de Gabriel camino de Puertollano se trenza en pleita con la fugaz fuga de Reinalda de la triste residencia; con estas vanas letras que intentan dar testimonio de ello; con lo que a ti, lector, te pueda estar haciendo revivir esto que nunca viviste. 

miércoles, 18 de agosto de 2010

Ahondando

Unas ondas llevan a otras y las que le llegan a uno con informaciones de acá y allá me llevaron en esta ocasión a las hondas. Las de lanzar piedras para cazar y gobernar el ganado, cuando había ganado y gente que cazaba para comer, al menos en este mundo requeteprogresado en que nos ha tocado vivir.
Manuel vive en Mallorca aunque es malagueño. De niño, viendo a los vecinos, aprendió a trenzar hondas como aprendió a fabricar capachas o muchas otras cosas que la gente hacía para uso y disfrute. Unos palmitos o unos espartos arrancados al paso eran material suficiente para que unas manos habilidosas trenzaran un cordel en el que encajar la piedra que, recogida rápido un rato adelante, era lanzanda al conejo o tordo que se había puesto a tino más allá.
Ahora, Manuel y sus amigos le atinan a una diana; juegan a entrenar y entrenan campeonatos que son un juego. De cuando en cuando aun hace una honda como, tras preguntarle y sin más preámbulo, me muestra trenzando un poco de fibra de pita que el mismo ha preparado. También me enseña una de las preciosas capachas de esparto que de chaval usaba para llevar la merienda al campo. Está toda 'enjaezada' con cordón de pita, el mismo que ondea en su honda y ahonda su mirada en el pasado recordándo otros tiempos.

domingo, 25 de julio de 2010

Pepe de Visuña

Unos días de descanso por el Caurel (Lugo) y visita renovada, como cada año, a Pepe, el cestero de Visuña, uno de los últimos que quedan por esta sierra. Tres escenarios marcan su actividad cestera: el cobertizo donde abre y labra la madera, el almacenillo para guardarla y el taller en que teje los cestos. A cual más impresionante.
En el cobertizo de muros de piedra: suelo de tierra, paja, restos de virutas de madera y, alzandose de entre ellos, la escalera de madera que, con su falso escalón, hace las veces de caballete donde cepillar la madera. Un tejado de losas de pizarra y viejas vigas de castaño protege del cielo. Silencio de pájaros; la luz, a raudales, entra del sur. Uno puede imaginar pocos lugares más agradables donde ponerse a laminar madera.


El 'almacén', en los bajos de la casa-taller, como bodega pequeña y oscura donde maduran, blancas, las laminas de madera en silencio sin más.


Por fin, el taller, escaleras arriba, mezcla la barra, la tele y las viejas estanterías de la antigua cantina que fué con los cestos hechos o a medio hacer que allí se tejen en los días de invierno. Otra vez "el más hermoso de los revoltijos" * y, murmurando en él, un tumulto de lejanas voces que quedaron de cuando gentes, vinos, comidas y fiestas se reunían allí.


Pepe hace los cestos que hacía su padre, otros, pero los mismos, y nos cuenta cómo aprendió y cómo sigue en ello a ratos, para matarlos en los días fríos y porque la gente aún le pide algun mego para las castañas o el pan.
Y como cada año, yo también me repito: "Pepe, a ver si este invierno me vengo unos días contigo para que me enseñas cómo haces y de paso te pueda hacer unas fotos y grabar un vídeo". En fin, uno de estos inviernos.

*Pincha aquí para ver la entrada Talleres.

sábado, 10 de julio de 2010

Mas de Barberans

Entre el 29 de julio y el 1 de agosto se celebrarán en Mas de Barberans (Tarragona) los Terceros Encuentros de artesanos de las fibras vegetales del Mediterraneo, unos Encuentros interesantísimos en todos los sentidos: organización, cesteros que acuden, lugar, actividades, etc.
Este tipo de eventos o se hacen con cariño e inteligencia o no funcionan, bueno, o funcionan como todas esas cosas "formula" sin interés y que aburren al más pintao. Pero en el Mas cuentan con Cristina Cardona, verdadera 'alma mater' de la organización que, llevada por aquellas cualidades, hace que los Encuentros resulten tan interesantes como gratos para público y artesanos. Feria, demostraciones, conferencias, cursillos, etc., se dan lugar en este pueblito al pie del Montsiá desde el que el delta del Ebro se muestra en toda su grandeza: impresionantes las vistas.
Este año dedican las conferencias y los cursillos a las nasas, concretando más, a un tipo de técnica de construcción de nasas de mar tan hermosa como interesante que, hasta no hace mucho, estaba extendida por todo el Mediterráneo. Josep Mercader será el asesor en este tema y es una suerte que así sea. Josep, además de cestero y tejedor de nasas lleva, junto con su compañera Magda, varios años investigando todo lo relativo a la elaboración y funcionamiento de estas artes de pesca tanto en Cataluña como en Baleares y otras zonas.
Para cualquier amante de la cestería es un placer encontrarse con gente que tan entusiasta como profundamente se dedica a organizar o investigar de la manera que lo hacen Cristina y Josep. Gracias a los dos y enhorabuena.
Y en cuanto a los demás, recomendaros que, si podeis y os apetece o andais por la zona, no dudeis en acudir, además teneis la montaña y el mar a un tiro de piedra del pueblo.
Foto: Nasa (gambina) sin acabar.