domingo, 24 de abril de 2011

De cabañas, semillas y flores

Hace unos días recibí un correo de Iker Yurrebaso contándome (en euskera, o sea que no entendí absolutamente nada pero deduje por las fotos que me envíaba) lo bien que se lo habían pasado en su pueblo hacíendo una cabaña de mimbre con un grupo de niños, "y lo bonita que ha quedado", añadiría yo. Iker participó en el curso de construcción con mimbre que realizamos en Valladolid hace algo más de un mes y, en tan breve tiempo, ya ha montado esta experiencia tan buena. Es una alegría que los cursos se desarrollen con buen ambiente, que las piezas que se realicen sean interesantes para los alumnos pero también anima un montón que lo aprendido se propage por otros lugares y con otras gentes, y si son niños, como en este caso, ¡chapeau! , la semillita se ha hecho flor. Enhorabuena. Fotos de Iker Yurrebaso.

sábado, 16 de abril de 2011

Canastros 3

Y sanseacabó. Después de los cestazos vinieron, la armadura del tejado, la cubierta con retamas y paja, el anclaje y esquilado de ambas y las puertecitas pa que no se escapen los ratones; uy, perdón, para que no entren. Como el otro día comentaba, esta ha sido la tercera 'hornada' de hórreos en los últimos cuatro años. Al menos dos docenas de ellos se han distribuido por la provincia de Lugo. Probablemente no son muchos pero ayudan a que la gente se fije en ellos; a los que los vieron de niños seguramente que les removerá recuerdos de entonces, a los que no, tal vez otros sentimientos más indefinidos pero que, vaya usted a saber cómo ni por qué, andan por ahí pululando....vaya usted a saber dónde. Pincha aquí si quieres ver más fotos. More pictures clicking here

miércoles, 13 de abril de 2011

Canastros 2

Mitad de curso y más de la mitad del trabajo hecho. El gran canasto finalizado y la estructura que soportará el tejado de paja lista. Aquí podeis ver unas imágenes de todo esto.

martes, 12 de abril de 2011

Canastros 1

Hoy hemos comenzado en Lugo un curso de hórreos (en algunas zonas llamados canastros). Los hórreos son unas construcciones elevadas del suelo por medio de distintos tipos de pies que se utilizaban (ahora menos) en todo el norte peninsular como graneros, despensas, etc., dependiendo de las distintas zonas. Este tipo de hórreos redondos y realizados con varas a los que nos vamos a dedicar son, probablemente, los más primitivos de Galicia y con el tiempo fueron remplazados por los de madera y piedra. Actualmente sólo son relativamente 'frecuentes' por el interior de la provincia de Lugo, especialmente por la zona de Friol, Monterroso,...Es el tercer curso de canastros que imparto en los últimos cuatro años y a veces da la sensación de que están sirviendo como semillero de recuperación de una especie en vías de extinción. Os tendré al corriente de los avances diarios.

miércoles, 6 de abril de 2011

El Dani

El Dani es la leche (¡empezamos bien!). Un mago, vaya; de esos que antes abundaban en su pueblo (Baños de Montemayor. Cáceres), por ejemplo, y que 'transmutan' la materia 'bruta' (sin menospreciar, ¡eh!) en objetos con forma y uso.Como un buen pastor, cuida de su rebaño de castaños durante la primavera y el verano enderezando a los tuertos, aliviando de su sufrir a los dolidos o librando a los buenos ejemplares de 'chupones' que entorpecerían su curso. Al final del invierno, cual Señora de la Guadaña pero con motosierra, tala la generación de árboles que ha llegado a su madurez y, a lomos de caballerías, entra en su pueblo la carga de la madera con la buena nueva de "habrá cestos este año".Una vez 'curados' los troncos en las tinieblas de las bodegas, los envolverá con fuego en el horno para transformarlos en laminillas de madera finas como papel. ¡Agua para ellas! ¡Háganse flexibles, suaves, amorosas!, y, unas horas después de sumergidas, el milagro está hecho. Entonces les impondrá las manos y, jugando con las tiras a ritmos y movimientos medidos como en un baile, hará, del bruto, cestitos de dos tapas, costureros, paneras, hueveras y una infinidad de objetos tan bonitos como útiles para sus prójimos.Un detalle más, gratuito, los pintará a hierro y fuego con extraños motivos.
En Baños ya sólo queda este 'alquimista' de la madera y, pese a la mágia que corre por esas manos forjadas en el oficio, la producción se le acumula con las malas ventas de este año. Muchos pasan con promesas y lamentos, el Dani masculla desengañao: "¡que yo ya me he muerto y se quién ma llorao!".
Corren malos tiempos para magos; cegados por fuegos fatuos, apenas hay ojos que vean, oidos que oigan o manos que toquen misterios tan palpables como este de la cestería.

Daniel Rodríguez
Cestería fina de castaño.
Baños de Montemayor (Cáceres)
Tfno: 690096451

martes, 29 de marzo de 2011

ACEGA

El domingo 27 tuvo lugar en Friol (Lugo) la presentación pública de ACEGA (Asociación Cesteira Galega) con motivo de la celebración de la Feira do Queixo que, este año, en acuerdo con el Ayuntamiento, se amplió a la cestería. ACEGA la crearon el invierno pasado un grupo de amigos cesteros o/y amantes de la cestería que, a lo largo de estos últimos años, nos hemos ido conociendo a través de los cursos de la escuela de cestería del río Rato. Fruto de los acontecimientos surgidos el año pasado en esa escuela (consultar blog nonadesfeitadorato) este grupo decidó crear esta asociación a fin de continuar realizando actividades en torno a este oficio que quedan resumidas en la siguiente nota:
ACEGA Somos unha asociación nova adicada a un tema vello. Nace con ánimo de xuntar persoas con inquedanzas artesás relacionadas coa cestería e xuntar esforzos para non esquezernos do traballo da nosa tradición e da nosa xente. O que nos move e recoller, intercambiar e difundir as técnicas tradicionais da cestería. Nuestra forma de traballar e asamblearia, sen ánimo de lucro, partidismos ni inxerencias administrativas. ¡ ANÍMATE A FACER UN CESTO CONNOSCO! ¡SACA Ó CESTEIRO QUE LEVAS DENTRO! ¡TRÉNZATE A NOS!

En este primer acto público, además de vender cestos, los amigos de la asociación realizaron demostraciones públicas e invitaron al encuentro a viejos (y no tan viejos) cesteros tradicionales de la provincia, siguiendo así con la costumbre que se mantuvo en la escuela del Rato de reunir en torno al oficio a gentes de cualquier edad, condición y conocimientos. Para no variar con lo que suele ocurrir en estas xuntanzas, comida en común, risas y aprendizaje de unos a otros. Más que larga vida, deseamos a ACEGA mucha vida.
Fotos: Arriba: Logo de ACEGA. Abajo: Algunos de los socios participantes en la feria. (Pincha en esta foto si quieres ver otras).

domingo, 20 de marzo de 2011

¡Vivico de caldero!

¡Vivico de calderooo! pregonan por las calles de Guardamar (Alicante) Mª Tere y Encarna conduciendo la carretilla con la 'saranda' repletita de pescado fresco. (Pincha en la foto si quieres oirlo. Click the picture).
Antes eran más de veinte las mujeres que acudían cada mañana a la lonja para después, esquina a esquina, calle a calle, suministrar de pescado a toda la villa. Ahora ya sólo quedan ellas, y la verdad es que es casi una heroicidad continuar con el negocio intentando hacerse oir entre tanto coche y sin encontrar ya quién les haga esas preciosas bandejas de juncos, las 'sarandas', que, elaboradas con la técnica y material habituales en las nasas mediterraneas, parece que son un caso exclusivo de Guardamar. Pregunto en el puerto por el patrón mayor y me señalan a un hombre delgado y pequeño con aspecto de solitario que fuma un cigarro en la puerta de la taberna. Cordialmente va respondiendo a todas mis preguntas y dándome una información tan precisa y concisa de lo que necesito que parece que leyera mis pensamientos. "Las 'sarandas' para el pescado son unos bandejones propios de Guardamar y fuera de aquí no se han usado, ni siquiera en poblaciones tan cercanas como Torrevieja o Santa Pola. Las mujeres llevan el pescado en ellos para venderlo por las calles y aquí, en la lonja, se emplean para el langostino. Comienza a pescarse ahora en abril y necesitaramos un par de ellos que no sabemos si podremos conseguir." Sabe mucho este hombre sobre mar, barcos, pesca y navegación -probablemente no sólo de la que se hace en las aguas- y se queda uno con las ganas de seguir ahondando en su mar interior. Con una sonrisa de soslayo se despide y parece que no dijera adios sino hasta otra. ¡Ojalá!
Han sido unos días por estas tierras y he intentado curiosear en algunas de las cosas 'cesteras' que por aquí ha habido y hay. Aquí os va otra.
Elche está cerca y en esta ciudad y sus alrededores se fabrican la mayor parte de los ramos de palma empleados en la semana santa en toda España. Conchi, la profe de la escuela que el ayuntamiento ha creado para trasmitir estos conocimientos, me cuenta muy atentamente el proceso de elaboración. ¿Por qué una escuela cuando hay tánta gente trabajando en ello y conociendo sus técnicas? "Pues porque la mayor parte de la producción se limita a hacer lo más fácil y 'rentable' económicamente. Las piezas más elaboradas, con mayor riqueza de motivos, técnicas y detalles son un producto residual y en esta escuela se pretende hacer hincapié en ellas para que no se pierdan." "Esto es un vicio, cuando acabas en la escuela continuas en casa y a veces te dan las tantas de la noche y sigues en ello", me cuenta Jerónimo, uno de los alumnos. Lleva treinta añós trabajando en la palma blanca y ahora aprovecha una temporada de paro para seguir aprendiendo cosas. "Nunca se acaba de saber todo". Tiene más razón que un santo.

viernes, 11 de marzo de 2011

El banco

Y los otros dos bancos, y las vallas, y a la entrada el arbolito de trece varas encordadas formando su tronco: una por cada uno de los participantes en este curso. Lo hemos pasado muy bien tejiendo mimbres, haciendo amigos y transformado un aparcamiento de coches en un lugar de reunión y recreo para los que se acerquen a CEARCAL.
La construcción con mimbre vivo y otras fibras vegetales de piezas como estas y otras, tanto para exterior como interior, es una posibilidad muy interesante y de muy bajo costo. Cualquiera con unos pequeños conocimientos sobre estos materiales y sus técnicas de fabricación puede construirse, solo o con otros, un cenador , una cabaña, un sillón, una verja o un tabique interior y, de paso, disfrutar diseñandolo y haciendolo.

jueves, 10 de marzo de 2011

Mitadeando

La otra mitad de la mitad de ayer. Valla acabada...pero a medias, esperando por un banco a su medida.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Mitades

Mitad de la valla de las vallas; mitad de la vista de la valla, y mitad del curso en CEARCAL (Valla-dolid) . Mañana, si no hay novedad, otras mitades a medianoche.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Amor desmandado

Dos estrofas de diferentes poetas me revolotean estos días alrededor sin saber muy bien por qué. La primera es de Shakespeare: O, learn to read what silent love hath writ: / to hear with eyes belongs to love´s fine wit. Y, en traducción de Agustín García Calvo, dice: A leer aprende lo que ha escrito amor callado: / oir con los ojos es de amor don delicado. Hace unos días estaba de acá para allá visitando 'abuelos' y recogiendo cuanto me contaban y eseñaban. Algo más, además, ves que se te escapa mientras estás con ellos; después, cuando te detienes, sientes que de alguna manera lo lees en sus caras fotografiadas, sus voces registradas y sus cestos, sombreros o alpargatas regalados. Probablemente, ese 'algo más' también se les escapaba a ellos pero, aunque no quedaran registradas sus caras o sus voces, se podría seguir leyendo en las piezas que fabricaron.

La otra estrofa es de Pessoa: Manda quem manda porque manda, / Importa que mal mande ou mande bem. / Todos sâo grandes quando a hora é sua. / Por baixo cada um é o mesmo alguém. Y, en 'osada' traducción mía, dice así: Manda quien manda porque manda, / bien mande o mande mal produce desdén. / Todos son grandes cuando la hora es suya. / Por debajo el mismo alguien es cada quien. Y de acá para allá he llegado aquí -da igual dónde-, a encontrarme también recitando estos versos que te recuerdan cómo sobre 'lo que se escapa' no manda nadie y, por elocuentes, no necesitan más comentarios.

domingo, 13 de febrero de 2011

Campanario

Al toparme con aquella antigua tiendita de comestibles que aún conservaba intacta el museín del pueblo, el recuerdo de mi padre niño jugando a robar patatas -como él me contaba- en una semejante, me asaltó cual bandolero que te despoja de todo y te deja desnudo en medio de un paraje inhospito desangrandote por la herida que te abrió en las entrañas. No hay otro lugar donde protegerse y curarse de estos ataques más que el del fortín del olvido, pero tiene incontables brechas y los cimientos de barro.
Y por olvidar paso adelante visitando este otro museo que Juan Sánchez tiene en Campanario *, la Serena profunda de Badajoz. A estas tierras se viene a escuchar el silencio, algo así le decía su padre a Isabel Escudero, a quien agradezco que me diera el contacto.
Más que museo yo lo llamaría interesantísima colección; de cantidad de piezas relacionadas con esta comarca que Juan, hijo enamorado de ella, ha ido recogiendo y guardando durante muchos años y a la que se suma otra de figuras-esculturas que él mismo ha hecho con materiales recogidos en el campo: ramas, raíces, cardos, semillas, piedras, fibras vegetales.... Y además, ¡lo que no vemos!, todo el archivo fotográfico, oral , etc., que atesora en su casa y que precisaría de muchas visitas para ahondar en él. Y de nuevo te cabreas viendo todo este rico material apilado en un garage por falta de medios particulares y por la permanente obstinación de los poderes 'públicos' y económicos en seguir relegando a la miseria lo que tan hermosamente el pueblo fue y va destilando de ella. Y es que no hay que engañarse, como dice don Fernando Pessoa: un nuevo dios es sólo una palabra, y a buen entendedor pocas bastan.
Pero siguen las manos, entre risas, conversaciones y silencios, tejiendo la juncia en Campanario. Manos de pastores reunidos en la placita dedicada a ellos con estatua y todo. Un placer poder presenciar a estas alturas de la historia estos corros de sabiduria cestera.
Y por fin, los chozos, esas construcciones también pastoriles que, fabricados con paja o juncos en ocasiones, hasta hace sólo unas decenas de años servían de vivienda en las majadas de la Serena. Juan, cómo no, ha investigado sobre ellos y no sólo eso, sino que acaba de publicar un libro en compañía de Jose Antonio Calle, en que los estudia, describe e inscribe en la vida pastoril de la comarca. Los chozos de Campanario, es el titulo de este estudio tan recomendable y que podéis conseguir solicitándoselo a él mismo: juansanchezhuertas@hotmail.com
*Para visitar este museo puedes contactar con él (Juan Sanchez Huertas, Tfno. 924831375. Campanario)
Fotos: Arriba, Sirena, de Juan Sánchez. En medio, 'corchos' (hueveras) elaboradas con juncia (en primer termino) y con cordones reciclados (atrás). Abajo, chozo.

sábado, 5 de febrero de 2011

Más Cái

Te vas a visitar a Carlos "Soleta" en Medina Sidonia por regalarte de nuevo con su sonrisa y sus preciosas capachas de colores de flejes reciclados. El taller ha decaído un poco desde el último encuentro. Ya no cuelgan del techo tántas ristras de plásticos como antes, ya no hay tántos capachos, tánto color. Sientes como si "Soleta" fuera despidiéndose despacito de sus manos al paso que sus manos se alejan de pleitear. Pero salta el niño al rostro del viejo en una sonrisa y Carlos es una pildora de felicidad.
Hay marineros de piel pómez atestada de barba erizo en Barbate que apenas entiendes cuando hablan. Lo justo para pescar al vuelo un par de palabras: "nasas" y "huncos" (aspirada la h), y tirar del sedal. Se hacían, se hicieron, hasta hace unos años pero el último viejito que sabía lo dejó. Sigo el rastro de la seda y me lleva de la mano de su sobrino hasta una vieja casita soleada en el barrio de pescadores donde el abuelo, en penumbra de saloncito humilde y en corro de su mujer e hija cubiertas con mantas, ve la TV a las 11 de la mañana. Desalentador hasta que, de nuevo, asalta el niño al viejo y nos habla de cuando hacía las nasas, de cómo aprendió y de cómo lo dejo. Para muestra, un par de botones: dos nasitas versión 'bonsai' que hizo no hace mucho y que el sobrino guarda como recuerdo.
Vaya entonces un dato recogido de palabra y fotos para quien le interese: desde el cabo de Creus al de Trafalgar, las nasas igual; en técnica y materiales.
También semejante la rabia de los pescadores desde allá hasta acá: "Quienes prohibieron las nasas no tienen ni idea de pesca", se indignan. "Siempre se usaron y siempre hubo mucha pesca porque las nasas no matan lo que pescan y el pescador puede devolverlo vivo al mar si no le vale. Además, son selectivas, nunca acaban con la cría." "Y esos mismos que prohiben las nasas para 'proteger' la pesca son los que permiten las artes de arrastre que han arrasado este mar" (entiéndase el que toque en cada caso).
Tierra adentro, El Gastor, un pueblito blanco a la revuelta de otra curva camino de la serranía de Grazalema. Montes de bandoleros de leyenda como Jose María "El Tempranillo", personaje que da nombre al museito de artes y costumbres populares que alberga la que fuera casa de su novia.
Hace unos años, no sé si el alcalde, invitó a los viejos del lugar a que trajesen o reprodujesen piezas de las que antiguamente hacían ellos mismos para cubrir algunas necesidades de su vida cotidiana: aperos de labranza, calzado, cestos, herramientas, instrumentos musicales, etc. Y el resultado de aquella convocatoria fue espectacular: una colección repleta de joyas de arte popular realizadas por los vecinos del pueblo. Tan largo sería describiros cuanto ahí encontré que ni me pongo a hacerlo, pero cuando uno recorre las calles del Gastor y va conociendo a sus viejos el misterio se revela, ¡cuántas cosas y con qué arte las saben hacer! En cestería, aquí se encuentran el esparto, la pita, la palma, la vareta de olivo, la anea..., materiales que, en manos de Antonio, Cristobal, José o tántos otros, se convierten en preciosos objetos que no distinguen utilidad de belleza. Y te enamoras de lo que ves, y te vas.

domingo, 30 de enero de 2011

Cá(s)i carnaval

De esta guisa se preparan en Cádiz para dar caña en los carnavales. Francisco, el canastero "mister cañero" con quien estuve esta mañana, presentaba en sociedad estos modelitos diseñados al más puro estilo 'cash & ondeo'.

domingo, 23 de enero de 2011

Museos y deambulaciones

Visita al museo etnológico de Barcelona. De primeras, mi menda desbordado. Objetos cesteros de Cataluña, de Andalucía, de otras zonas de la Península. Más. De Japón, Papúa, Australia o norte de Africa. Pero por encima del desborde geográfico está el de la diversidad de objetos construidos por todas partes. ¡Qué riqueza tan grande! Parece como si la gente de acá y allá hubiera estado jugando desde tiempos inmemoriales con las técnicas cesteras y los materiales que tenían a mano para desarrollar infinitos objetos con incontables aplicaciones, desde las más cotidianas a las más festivas. Y, ¡con qué imaginación! Para muestra, dos botones: fíjaos en estas botas japonesas y en esa máscara de Papúa.

Y lo más dulce, anónimas; botas y máscara hijas de las manos de un misterio que invita a dejarse deambular por él sin demasiadas ataduras a nada ni nadie.

martes, 18 de enero de 2011

Josep Vergés

Si vas a San Pol, pregunta por don Josep.., podría ser el estribillo de una canción marinera. Porque marinero ha sido él toda la vida y a canción sabe cuando lo cuenta. También hizo nasas siempre, como los otros marineros, hasta que hace un par de años tuvo que dejarlo y de echarlas al mar tan encantado como lo hacía. Decir que ahora en San Pol (Barcelona) no queda nadie que sepa hacerlas es recordaros la cantinela de siempre. Las últimas que hizo Josep están colgadas en el pequeño museito que, a pie de playa, han hecho en la antigua caseta donde los marineros echaban la partida junto a la maquina de arrastrar las barcas a tierra y la sillita en la esquina donde Josep hacía sus nasas.
Pero, ¡no cunda el desencanto!: Si voviera a nacer volvería a ser pescador, es lo más bonito que hay, nos dice mientras besa a su padre en una foto en la que aparece con otros marineros.

Una lagrimita, dos lagrimitas..., aquí teneis un amigo siempre que volváis. Y como despedida nos canta una canción que aquí os regalo para que os dejeis mecer al compas de su ritmo de olas. ¡Salud, Josep!

martes, 4 de enero de 2011

Belén

¿Sería San José cestero en vez de carpintero? A la vista de esta pintura uno juraría que sí: vallita protectora armada con varas, tejadillo de paja, camastro (petate, lo llaman en centroamerica) tejido con ¿junquitos? para la Mari y el churumbel..., bueno, al menos el anónimo austriaco que pintó esto en el siglo XIV nos echó un guiño cesteril. Raro, porque también estos días me llegaba a través de un amigo una cita de Levi-Strauss (celebre antropólogo) en la que se refería al poco o nulo caso que se le había hecho a la cestería en los estudios de sus colegas, en los museos y en general en el mundo de la cultura (esto casi que es un elogio, viendo como van esos belenes). El hecho de que la cestería apenas emplee herramientas y que los cestos sean tan perecederos parece, según él, que son "Otras tantas razones que explican el disfavor sufrido". Sin embargo, comentaba tambíen L-S, "En los pueblos sin escritura, este arte ocupa, por el contrario, un lugar importante, a menudo el primero..." Y ahí conviene detenerse, pues llama la atención esa relación entre el "disfavor sufrido" por este arte en la cultura (no olvidemos que la cultura empieza con la escritura, es decir con aquello que 'fija' lo hablado) por "perecedero" y, contrariamente, su aprecio entre los pueblos sin escritura, es decir orales, en que la palabra es también 'perecedera'.
Y ya para rematar, el cuadrito de marras que ahí os pongo, en que se monta todo ese belén cestero para el nacimiento del Verbo, que por cierto, no escribió nada. ¡Hermosa imagen, verdad! Y ya paro amigos, que como veis, con todo este rollo no hago más que traicionarlos.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Cuentos a la noche de los cestos

Un paseo nocturno. Barruntas sin hablar en alto (tan tonto como para que te encierren todavía no estás): ¡Ah, este frío en la cara, qué rico!, y te apretujas contra ti mismo. Arriba, negro encorsetado entre edificios y risitas de estrellas. No quieres mirar abajo, pa qué, con lo agustito que vas así, volando; y además no hay ni dios en la calle. ¡Pum!, al suelo; debe de ser que el Señor sí que estaba. ¡Qué fulano, siempre zancadilleando los vuelos! Dos representantes suyos (bueno, del orden) en la Tierra se me acercan uniformados:
- ...estoy bien, gracias. Es lo que tienen las estrellas, que acaba uno estrellao.
- !!!???
Sólo cuando se van distingo la compañía: basura, cajas de cartón y a su vera un viejo conocido, ese baúl de mimbre que, como suele ocurrir con estos individuos, acaban echándose a la calle. ¡Maldición, no me quito de encima el cesterío ni por asomo! ¡Ahora, seguro que empezará a contarme su vida, me lo estoy oliendo! Parece como si de un golpazo le hubieran desencajado la bocota. Pobre, comienza a enternecerme. Me arrimo a él. En fin, qué se le va a hacer, debe de ser mi sino. Cuenta, hombre, cuenta. Silencio. Alguien alguna vez dijo: ¿No escuchas ese terrible llanto a tu alrededor, ese llanto que los hombres llaman silencio?, y no sé por qué, esa frase se me viene a los labios. No suelta prenda, así que me limito a mirarle y claudicar ante aquellas palabras
¡Qué bien te echaron las teladas, rápidas pero sin prisas! -pienso-. Un cestero de los de antes, seguro, se nota su buena mano. ¿Y los mimbres? Aunque estás bastante castigao, aun conservan firme su asiento. ¿De dónde serían? ¿Cuenca? ¿Salamanca? ¿Valencia? Qué alegre debio de ser su vida allá, en los campos de donde fuese, reventando de mamá cepa para dispararse rápido al cielo acariciaditos por soles, vientos, noches y besos de gotas de lluvia. No te llevo para casa, que ya no me caben más huespedes.
Y me gustaría gritar: ¡Llevénse a este señor, que guardará sus prendas y, si le escuchan, les contará la suyas, las de artesanos, tierras lejanas y noches de acera y desolación! Pero no hay nadie, sólo silencio.

martes, 30 de noviembre de 2010

Barriles, el regalo de Isidro.

Recuerdo que una de las piezas que más me llamó la atención cuando ojeé por primera vez el maravilloso libro de Bignia Kuoni, Cestería tradicional ibérica, fué la cantimplora de mimbre (página 77) utilizada por los campesinos leoneses para llevar el vino al campo. Quién me iba a decir que, quince años después, conocería al 'último' artesano que sigue elaborando esas cantimploras - "barriles", las llaman en su pueblo- y tendría el placer de aprender con él todo el proceso de fabricación. Isidro García comenzó a hacer barriles casi por casualidad. Hará, si no recuerdo mal, unos 25 años que, animado por el entonces maestro del lugar y en compañía suya, se fueron a un pueblo vecino a que les enseñase a fabricarlos un viejillo que los seguía haciendo. El anciano murió y el maestro marchó a Leon así que le cayó a Isidro el papel de heredero de la tradición hasta hoy.
Aquí no hay trampa ni cartón, tan sólo dos manos, una navajilla y poco más. Y mimbres, los que crecen junto a las huertas del pueblo y que Isidro poda, pela y raja cada año. A partir de ahi, paciencia y esmero. Cuarenta horas dice, por decir algo, que le llevan terminar uno. Son más, seguro. Pero no, eso no se mide; cómo se puede contar en horas lo que se escapa del tiempo. ¿Cuánto dura un pensamiento? ¿Y muchos? ¿Y los sentires que mano a mano se les hilvanan en tanto crece la espiral y se conforma el barril ? Eso no tiene tiempo y por tanto tampoco precio. Así que Isidro sólo cobra algo simbólico, una cosa que sirve para recordarnos que nos lo está regalando. Aprovechadlo.
Al final, la pez, esa resina antigua que tánto se empleaba para conseguir recipientes estancos y que ahora casi ni se encuentra. Cuando alguien ve por primera vez un barril, cree que en su interior hay un recipiente de plástico o barro; pues no, nada hay salvo mimbre y pez.
Y ahora, sentarse con Isidro en el precioso patio de su casa y hacer un barril. Disfrutar de las molestias del gato que juega con la tira de mimbre que estás rajando. Esas maravillosas cosas que nunca hace uno y se engaña creyendo que otros sí harán .
Isidro García
Las Heras, 5
Sardonedo. León
987377017 / 659297298
ariasgarca@yahoo.es

sábado, 13 de noviembre de 2010

Pirineos

Y ahora, os cuento una de comando cestero en acción de recabar informaciones.
Como algunos sabreis, la Asociación Ibérica de Cesteros, a la que tengo el placer de pertencer más o menos, como todos los que en ella estamos (y digo más o menos porque parece que somos escurridizos hasta para eso), de cuando en cuando e inesperadamente, realizamos escaramuzas cesteras a fin de conseguir informaciónes, compartirlas, o hacer cualquier otra cosa que suponga pasarlo bien. Una vez realizada la 'misión', la asociación pasa a estado de letargo y cada uno por su lado hasta la próxima. Pues bien, la última acción ha sido recoger informaciones sobre cestería de los Valles de Aneu y de Arán en el pirinéo leridano. Hace un par de años llegamos a un acuerdo con el ecomuseo de Esterri para realizar estas acciones y en ello andamos.
Nada más llegar hicimos una incursión de muestreo en el Valle de Arán con resultados lastimosos: de cuatro o cinco cesteros que teníamos fichados en visitas realizadas hace unos años tan sólo uno quedaba en pie de guerra, es decir, vivito y coleando, los demás....+++++. Un revés que encajamos entre lamentos tomándonos unas cervezotas en uno de los baretos de Viella en tanto que la nieve y la noche comenzaban a asomar.

A la mañana siguiente nos dirijimos a Alós rastreando las huellas de otro cestero contactado este verano. La casa, al menos, seguía en pié....desde mil setecientos y pico, y parecía que desde entonces lo único que había pasado por ella era el tiempo: ni un asomo de reforma, pintura, etc., en su fachada, el edificio parecía abandonado. Hasta que después de llamar repetidamente, "¡Cisco, Cisco!", Francisco apareció en el balcón despeinao y con cara de pocos amigos. Tiene ochenta y tantos años, soltero, vive sólo y no parece tener costumbre de guardar formas ni dar explicaciones de nada a nadie; muy interesante. -Hola Cisco, ¿te acuerdas de nosotros?, veníamos a visitarte y a ver si nos enseñabas algún cesto y cómo los haces. Con palabras que os ahorro, Cisco nos dejó claro que no tenía ninguna gana de ponerse a contarnos nada; hacía frío aquella mañana y estaba muy agustito junto al fuego de su cocina. No nos dimos por vencidos, volvimos a contraatacar dando la tabarra y dorándole la pildora hasta que vimos cómo iba cediendo y, aunque receloso, bajaba hasta el portal y salía a contarnos cosas. Le habíamos traído a nuestro terreno y ahora no debíamos dejarle escapar. No hizo falta, Cisco comenzó a disparar explicándonos una cosa, luego otra y otra y otra y cuando nos quisimos dar cuenta ya había realizado los dos aros con que comienzan los cestos de costillas de la zona y estabamos subiendo al monte con él en busca de avellanos con que seguir trabajando. A la vuelta continuó con el cesto hasta la hora de comer, dejándolo interrumpido para cuando volvieramos a la noche.
-¡Cisco, Cisco!, volvíamos a gritar cuando llegamos a su casa. Una vez dentro pudimos comprobar cómo el aspecto externo del edificio se correspondía bien con el interno: tenue luz de bombillita amarillenta iluminando un sillón repleto de cosas incatalogables, paredes de color indefinible con muestrario de cuernas de ciervo apuntaladas con clavos, cocina con alacena de museo pero en uso y, al fondo del salón, un cuartito-cajón de paredes de madera ennegrecida donde un fuego encendido en el suelo abrigaba la noche de Cisco y cobijaba su labor cesteril. Nos sentamos alrededor de la lumbre y entre humos, explicaciones y regañinas, nuestro maestro va desgranando su saber cestero, mientras que nosotros intentamos atender a las primeras, reirnos de las segundas y disimular nuestro asombro y fascinación por el lugar donde nos encontramos y lo que estamos presenciando. Joan hace de fuerza de choque terrestre realizando las tareas de interlocutor y alumno. Josep, una vez distraído Cisco, se encarga de la artillería disparando rafagas contínuas de fotos. A mí me toca la aviación espía oteando todo lo que sucede y grabándolo en la cámara de video para posterior análisis documental: el comando se maneja perfectamente sobre el terreno. Las tiras de avellano, en tanto, han ido cerrando el cesto entre explicaciones del maestro y, cuando éste comienza a bostezar, entendemos que debe ser hora de retirarse.
Al día siguiente el comando se interna aun más en las montañas hasta llegar a Anás, lugar donde nos han informado de la exitencia de Angel, otro viejito que aún continúa haciendo cestos. ¡Bingo!, encontramos a Angel atendiendo a sus ovejas en un corralito que se asoma al estrecho pero esplendoroso valle entre montañones donde, sólo gracias al espíritu de misión que nos alienta, conseguimos que no se nos vaya el santo al cielo y mandemos todo al carajo. Árboles gritando amarillo o rojo en sus hojas, picachos de piedra retando a la fuerza de la gravedad, pueblos salpicados por laderas imposibles,.... ¡maldito espíritu misionero! Pero no, Angel es un cielo. Sonríe siempre, habla apenas. Sin mediar más palabras que la de las presentaciones y nuestro interés por sus cestos, coje unos avellanos, nos conduce al huerto y, sentado entre flores y repollos comienza a fabricar uno. Nos ha desarmado. Pululamos a su alrededor como mariposas despistadas entre tanta belleza, descargando nuestro armamento sin descanso: centenares de fotos, horas contínuas de grabación. Joan descansa hoy, Angel no demanda nada, tan sólo contesta breve a sus ocasionales preguntas. Al acabar el cesto, otra sonrisa y, como respuesta a nuestros agradecimientos, un escueto "adios". Cuánto dice un silencio bien dicho.
Breve incursión de cuatro días en la zona, suficiente para ir conformando unos conocimientos sobre su cestería. El avellano es el material rey. El paner y el bres, en sus múltiples variedades, sus cestos subditos y, en base a la técnica de costillas, al menos tres variantes registradas organizándolos. Los cesteros...., eso es otro cantar que sólo pobremente puede uno intentar entonaros aquí mientras me revolotean alrededor el recuerdo de la sonrisa dulce y sabia de Angel, o la mirada irreductible y brava de Cisco perdiendose entre las montañas.


sábado, 6 de noviembre de 2010

Antonio

Paras el coche en mitad de la montaña y te bajas abrumado por lo que vas viendo. Como de un tortazo, el mundo se te vuelve del revés. Está a rebosar de aire rico, bosques frescos otoñando, y acá y allá algún pajarin que pía y ensancha el silencio. Ovejas a la vista. ¡Ah, qué escalofrío tan bueno! Haces un corte de mangas a todo aquello tan triste que se empeña en ocuparte la vida y corres a ver al amigo.
Antonio siempre fue cestero,...y cazador trampero (como los de las pelis del Oeste), y matarife, y vaquero, y currante en Gijón, y quién sabe cuántas cosas más. Ahora está jubilado de todo eso pero no de los cestos, que aún le va pegando a los ratos. ¡Y gracias!, porque como él ya quedan muy pocos. ¡Qué buen cestero!, de los que no miden el tiempo. Cada cesto, una obra, no otra.
Sonrisas y abrazos. Sin más, va al grano: ¡Vamos, que hay moito que facer e temos que ir lonxe! Monte arriba a pié, marchamos a buscar varas de avellano. El bosque poco a poco se tupe y humedece; agua por el camino, por todas partes. Lluvia de hojas de cuando en cuando y, por los rincones, rodales de avellanos. ¡Hay que cortar as que son delgadas pero vellas! Mira, esta é vella, pero viciosa. Se detiene pensando en lo que ha dicho, me mira y suelta una carcajada.
Dejamos caminos y trepamos monte a través para seguir buscando varas. ¡Es la selva!, y yo encima con las cámaras estas de grabar lo imposible. ¡Cuánta torpeza! En fin,...llevamásahiaese, que dícen que decía mi abuelo, con una punta de desengaño, ante lo que es mejor no analizar demasiado y dejarlo estar.
De vuelta a la aldea, es hora de comer.
Y a la tarde toca cueva. O lo que es parecido, la grande, vieja y oscura lareira en cuyo horno calentaremos las varas. Porque es costumbre de Antonio 'cocerlas' al fuego antes de rajarlas para hacer las tiras -os malletes- con las que tejer los cestos. Si as quentas son mais dóciles e duran mais tempo.
Humo, y del roto en el muro ennegrecido donde se abre el horno, el fuego brotando en luz y lametazos sobre las varas que, paciente, sostiene Antonio atravesadas contra las llamas para que no se quemen. Hay que revolverlas, una, otra vez, según tiempos que determina el saber, no el reloj. Ya están listas; salimos de la 'cueva' ...a otra. Es noche, resulta que se nos ha pasado la tarde sin darnos cuenta. ¡Mañana seguimos, Antonio!
Toca hoy hacer un cestiño. Pa que grabes como se fai, chega ben.
No os lo he dicho, he quedado estos días con Antonio para grabar y fotografiar una vez más desde que le conozco -¡y debe de hacer lo menos quince años!- el proceso que sigue para hacer sus cestos. Bueno, esta vez quiero hacerlo con un poco más de 'orden' y concierto.
Así que, al taller. Es decir, al curruncho bajo la casa donde, entre patatas por el suelo, mazorcas de maiz colgando de las vigas, nueces, cebollas, extinto mueble quesero, cuerdas, bolsas de plástico e infinitas otras cosas innombrables pero que andan por allí, se hacen sitio el caballete, las herramientas cesteras y Antonio. El sol, como no ocupa, coloca sus rayitos a través de la puerta y nos alegra el trabajo de buena mañana.
Una vez armado, el cesto comienza a girar. Y a girar, tejiendose, los malletes, las manos de Antonio, la silla huyendo del sol de mediodía, él con ella y yo con los dos; las ruletas de mis cámaras, las sombras, las manillas del reloj que no llevamos y, finalmente, el hierro candente que agujerea el cesto y abre hueco a las tirillas de avellano que lo rematarán. 'Casa Xoque', queda grabado al fuego sobre el asa, firma con 'logo' familiar que viene desde sus antepasados y que da por finalizado el cesto.
Se acabó por hoy, otra vez se nos ha echado la noche. ¡Antonio, que nos queda aún para otro día ir a buscar algún salgueiro, calentarlo, rajarlo y labrar las costrelas!
Eso, para otro día; responde en la despededida.
Paras el coche en la mitad de la montaña y te bajas abrumado por lo que vas viendo. Esta vez del tortazo surgen estrellitas: allá arriba, sin fin, con aroma a bosque que enfría; allá abajo, enfiladas e iluminando callejuelas de aldea, huelen a humo y chimeneas.