Del confinamiento. (Romance del prisionero)*
Hace 3 semanas
Una lagrimita, dos lagrimitas..., aquí teneis un amigo siempre que volváis. Y como despedida nos canta una canción que aquí os regalo para que os dejeis mecer al compas de su ritmo de olas. ¡Salud, Josep!
¿Sería San José cestero en vez de carpintero? A la vista de esta pintura uno juraría que sí: vallita protectora armada con varas, tejadillo de paja, camastro (petate, lo llaman en centroamerica) tejido con ¿junquitos? para la Mari y el churumbel..., bueno, al menos el anónimo austriaco que pintó esto en el siglo XIV nos echó un guiño cesteril. Raro, porque también estos días me llegaba a través de un amigo una cita de Levi-Strauss (celebre antropólogo) en la que se refería al poco o nulo caso que se le había hecho a la cestería en los estudios de sus colegas, en los museos y en general en el mundo de la cultura (esto casi que es un elogio, viendo como van esos belenes). El hecho de que la cestería apenas emplee herramientas y que los cestos sean tan perecederos parece, según él, que son "Otras tantas razones que explican el disfavor sufrido". Sin embargo, comentaba tambíen L-S, "En los pueblos sin escritura, este arte ocupa, por el contrario, un lugar importante, a menudo el primero..." Y ahí conviene detenerse, pues llama la atención esa relación entre el "disfavor sufrido" por este arte en la cultura (no olvidemos que la cultura empieza con la escritura, es decir con aquello que 'fija' lo hablado) por "perecedero" y, contrariamente, su aprecio entre los pueblos sin escritura, es decir orales, en que la palabra es también 'perecedera'.
¡Maldición, no me quito de encima el cesterío ni por asomo! ¡Ahora, seguro que empezará a contarme su vida, me lo estoy oliendo! Parece como si de un golpazo le hubieran desencajado la bocota. Pobre, comienza a enternecerme. Me arrimo a él. En fin, qué se le va a hacer, debe de ser mi sino. Cuenta, hombre, cuenta. Silencio. Alguien alguna vez dijo: ¿No escuchas ese terrible llanto a tu alrededor, ese llanto que los hombres llaman silencio?, y no sé por qué, esa frase se me viene a los labios. No suelta prenda, así que me limito a mirarle y claudicar ante aquellas palabras
Recuerdo que una de las piezas que más me llamó la atención cuando ojeé por primera vez el maravilloso libro de Bignia Kuoni, Cestería tradicional ibérica, fué la cantimplora de mimbre (página 77) utilizada por los campesinos leoneses para llevar el vino al campo. Quién me iba a decir que, quince años después, conocería al 'último' artesano que sigue elaborando esas cantimploras - "barriles", las llaman en su pueblo- y tendría el placer de aprender con él todo el proceso de fabricación.
Isidro García comenzó a hacer barriles casi por casualidad. Hará, si no recuerdo mal, unos 25 años que, animado por el entonces maestro del lugar y en compañía suya, se fueron a un pueblo vecino a que les enseñase a fabricarlos un viejillo que los seguía haciendo. El anciano murió y el maestro marchó a Leon así que le cayó a Isidro el papel de heredero de la tradición hasta hoy.
Aquí no hay trampa ni cartón, tan sólo dos manos, una navajilla y poco más. Y mimbres, los que crecen junto a las huertas del pueblo y que Isidro poda, pela y raja cada año. A partir de ahi, paciencia y esmero. Cuarenta horas dice, por decir algo, que le llevan terminar uno. Son más, seguro. Pero no, eso no se mide; cómo se puede contar en horas lo que se escapa del tiempo. ¿Cuánto dura un pensamiento? ¿Y muchos? ¿Y los sentires que mano a mano se les hilvanan en tanto crece la espiral y se conforma el barril ? Eso no tiene tiempo y por tanto
tampoco precio. Así que Isidro sólo cobra algo simbólico, una cosa que sirve para recordarnos que nos lo está regalando. Aprovechadlo.
Hace un rato acababamos el curso titulado "Zarzo, Celta y Cul de Queixal" que nos ha llevado las tardes de toda esta semana. Entre los alumnos, algunos que ya habían trabajado un poco el mimbre y otros que no. Comenzamos el lunes con las bandejas "Celtas" (a falta de otro nombre mejor, así las bautizamos) trabajando por parejas: los 'experimentados' tienen una mayor facilidad para realizarlas y les quedan mejor. En los días sucesivos seguimos con el "Cul de Queixal" y finalmente con el "Zarzo". Son piezas relativamente fáciles que ayudan a que las diferencias entre unos alumnos y otros se vayan limando; parece como si la dinámica de grupo se fuese imponiendo sobre las peculiaridades personales hasta hacer que las cestas de unos y otros vayan diferenciandose cada vez menos, al menos en cuanto a calidad de ejecución se refiere. Varas entretejiendose. Gentes entretejiendose. El miercoles habíamos realizado todas las bandejas programadas y nos quedaban dos días para repetirlas. Propongo que, el que lo desee, haga innovaciones sobre ellas. Risas. "Impensable. Qué vamos a hacer, no se nos ocurre nada" La propuesta queda en el aire y pasamos a repetirlas sin más. Poco después uno que se inventa una variación sobre combinación de colores en la "Celta"; al rato otro comenta que ha pensado cambiar la forma de una pieza y hacerla en S en lugar de U,....y así, sin pretenderlo, comienzan a surgir las 'variaciones'. El último día, como si de un pequeño 'frenesí' creativo se tratase, el
Muy pocos quedan ya que sepan hacer una coroza y son muy mayores. ¿Coroza? Sí, ese atuendo que parece sacado de la noche de los tiempos y que podeis ver en la fotografía. Con él, hasta hace sólo unas decenas de años, pastores y labradores de Galicia y norte de Portugal se cubrían de fríos y lluvias. Casi un milagro que haya llegado hasta hoy, no sólo como pieza, sino en el saber hacer de algunos campesinos perdidos, normalmente, en las sierras más apartadas del noroeste peninsular. Y ahora, esta 'joya', este conocimiento desaparece sin que a nadie o casi nadie parezca importarle.
Por ahí queda, entre Granátula de Calatrava y Puertollano, 'La posada de las estrellas', y su mención empuja misteriosa al cielo la carita de Reinalda. ¿Estará viendo allí las noches escondidas de Gabriel mozo arrimado a los cerros para robar unas mañas de esparto con que trabajar? ¡Ah!, aquellas mañanitas frescas a la sombra de la parra enseñándole a él -¡tan jovencillos los dos!- a trenzar pleita: -¡Que es que, en su casa sólo le aprendieron a coserla!. Y después, cargar el burrillo y verle marchar a recorrer pueblos pregonando: ¡espuertas, capachos, 'aguaeras'!, para ganar cuatro perras -¿Pa qué? ¡Pa ná!- y ahorrar alguna pasando la noche al raso, en 'La posada de las estrellas', que llaman.
Y se acabó. Se acabaron: cestos de plástico y cables, paraguas para días sin lluvia, barco para navegar por tubos y colores, juegos en común y solitarios. Aprendimos mucho a la par que inventabamos y nos reíamos. Cualquier día continuamos. Para el que no estuvo allí, aquí van algunas fotos (pincha en la de la derecha) , y si lo desea, en el Rato quedó a la vista y navengando en la quietud la nao sin nombre ni apellidos.