Hace unos días recibí un correo de Iker Yurrebaso contándome (en euskera, o sea que no entendí absolutamente nada pero deduje por las fotos que me envíaba) lo bien que se lo habían pasado en su pueblo hacíendo una cabaña de mimbre con un grupo de niños, "y lo bonita que ha quedado", añadiría yo. Iker participó en el curso de construcción con mimbre que realizamos en Valladolid hace algo más de un mes y, en tan breve tiempo, ya ha montado esta experiencia tan buena. Es una alegría que los cursos se desarrollen con buen ambiente, que las piezas que se realicen sean interesantes para los alumnos pero también anima un montón que lo aprendido se propage por otros lugares y con otras gentes, y si son niños, como en este caso, ¡chapeau! , la semillita se ha hecho flor. Enhorabuena.
Fotos de Iker Yurrebaso.
Como un buen pastor, cuida de su rebaño de castaños durante la primavera y el verano enderezando a los tuertos, aliviando de su sufrir a los dolidos o librando a los buenos ejemplares de 'chupones' que entorpecerían su curso. Al final del invierno, cual Señora de la Guadaña pero con motosierra, tala la generación de árboles que ha llegado a su madurez y, a lomos de caballerías, entra en su pueblo la carga de la madera con la buena nueva de "habrá cestos este año".
Una vez 'curados' los troncos en las tinieblas de las bodegas, los envolverá con fuego en el horno para transformarlos en laminillas de madera finas como papel. ¡Agua para ellas! ¡Háganse flexibles, suaves, amorosas!, y, unas horas después de sumergidas, el milagro está hecho.
Entonces les impondrá las manos y, jugando con las tiras a ritmos y movimientos medidos como en un baile, hará, del bruto, cestitos de dos tapas, costureros, paneras, hueveras y una infinidad de objetos tan bonitos como útiles para sus prójimos.Un detalle más, gratuito, los pintará a hierro y fuego con extraños motivos.
En Baños ya sólo queda este 'alquimista' de la madera y, pese a la mágia que corre por esas manos forjadas en el oficio, la producción se le acumula con las malas ventas de este año. Muchos pasan con promesas y lamentos, el Dani masculla desengañao: "¡que yo ya me he muerto y se quién ma llorao!".
El domingo 27 tuvo lugar en Friol (Lugo) la presentación pública de ACEGA (Asociación Cesteira Galega) con motivo de la celebración de la Feira do Queixo que, este año, en acuerdo con el Ayuntamiento, se amplió a la cestería. ACEGA la crearon el invierno pasado un grupo de amigos cesteros o/y amantes de la cestería que, a lo largo de estos últimos años, nos hemos ido conociendo a través de los cursos de la escuela de cestería del río Rato. Fruto de los acontecimientos surgidos el año pasado en esa escuela (consultar blog nonadesfeitadorato) este grupo decidó crear esta asociación a fin de continuar realizando actividades en torno a este oficio que quedan resumidas en la siguiente nota: La otra estrofa es de Pessoa: Manda quem manda porque manda, / Importa que mal mande ou mande bem. / Todos sâo grandes quando a hora é sua. / Por baixo cada um é o mesmo alguém. Y, en 'osada' traducción mía, dice así: Manda quien manda porque manda, / bien mande o mande mal produce desdén. / Todos son grandes cuando la hora es suya. / Por debajo el mismo alguien es cada quien. Y de acá para allá he llegado aquí -da igual dónde-, a encontrarme también recitando estos versos que te recuerdan cómo sobre 'lo que se escapa' no manda nadie y, por elocuentes, no necesitan más comentarios.
Una lagrimita, dos lagrimitas..., aquí teneis un amigo siempre que volváis. Y como despedida nos canta una canción que aquí os regalo para que os dejeis mecer al compas de su ritmo de olas. ¡Salud, Josep!
¿Sería San José cestero en vez de carpintero? A la vista de esta pintura uno juraría que sí: vallita protectora armada con varas, tejadillo de paja, camastro (petate, lo llaman en centroamerica) tejido con ¿junquitos? para la Mari y el churumbel..., bueno, al menos el anónimo austriaco que pintó esto en el siglo XIV nos echó un guiño cesteril. Raro, porque también estos días me llegaba a través de un amigo una cita de Levi-Strauss (celebre antropólogo) en la que se refería al poco o nulo caso que se le había hecho a la cestería en los estudios de sus colegas, en los museos y en general en el mundo de la cultura (esto casi que es un elogio, viendo como van esos belenes). El hecho de que la cestería apenas emplee herramientas y que los cestos sean tan perecederos parece, según él, que son "Otras tantas razones que explican el disfavor sufrido". Sin embargo, comentaba tambíen L-S, "En los pueblos sin escritura, este arte ocupa, por el contrario, un lugar importante, a menudo el primero..." Y ahí conviene detenerse, pues llama la atención esa relación entre el "disfavor sufrido" por este arte en la cultura (no olvidemos que la cultura empieza con la escritura, es decir con aquello que 'fija' lo hablado) por "perecedero" y, contrariamente, su aprecio entre los pueblos sin escritura, es decir orales, en que la palabra es también 'perecedera'.